viernes, 8 de mayo de 2009

Ya no hay nadie

El sol, rabiosamente iluminado, llena las calles. Las aristas de los edificios proyectan sus sombras sobre las aceras haciendo más habitadas las soledades.
Contemplo por la ventana los tejados recién reconstruidos, las palomas busconas, las primeras risas infantiles que ocupan el silencio de la mañana. El café está subiendo como mis ganas al otro lado de la casa. Apenas tres minutos y estaré en la cocina con la taza entre mis manos y renaciendo como cada día. Mi mirada sigue tras la vidriera. Un hombre incierto eleva la voz horadando la mesura. La cafetera me ofrece su último aviso. La mirada regresa de la distracción. Ya no hay nadie y debo cortar el fuego.

sábado, 21 de febrero de 2009

Amanda

Cuando recordamos nos tejemos un sueño que traemos al presente para los momentos de necesidad, para sobrevivir a la incertidumbre de estar vivo y no saber por qué. Aun así me estremece el pensar que esto es tan pasajero como el pasado, tan irreal como los recuerdos.


La buscas en mí y nunca fui yo.
Se escapó buscando que otras lenguas la envenenasen,
Otras que no fueran las tuyas.
Ni te vio porque no existías.
El dinosaurio en tus ojos día a día.
La impertinencia de ser yo la que te recuerdo que no existe.

Y busco explicaciones de por qué quieres que me corte el pelo, que vista de rojo o que sustituya los calcetines por medias de seda. Y me encuentro pintándome la cara sin lavarme los dientes y saliendo de casa con el moño que me hice para la ducha.

El paisaje se enturbia con la lluvia
Las amapolas pierden su color bajo la nieve.

El viajero deja su libro en el vagón esperando encontrarlo cuando vuelva.

A lo lejos se ve una cereza en el horizonte.


Creo que todos soñamos en nuestros ratos libres. Un beso entre páginas, un café con nube, qué guapa estás recién levantada, me gusta tu piel cuando anochece. Y si lo soñamos es que ocurrió en nuestra historia porque será que recordamos; cuando aun no existíamos como dos y éramos uno buscando al otro, soñando lo que sería el otro cuando estuviera con nuestro uno.

Quédate quieta.
Tu espalda tiene la serenidad y dulzura de mis campos.

Porque entonces soñar no era dormir.

Tus ojos enojados, la furia de mis tormentas.

Y a veces pienso que eso es la vida y no otra cosa.

sábado, 7 de febrero de 2009

Pájaro del sueño, Elvira Calvo

Suena el silencio de tu boca
como un recuerdo inusitado
que habita la nuca de mi nombre.

Mientras, en la calma de mis manos
pestañea tu aleteo a deshora,
contra la luz del tiempo y su fuga,
sueño, pájaro de la noche,
en el bosque hundido de las nieves
y en el brotar continuo de ramajes.

¡Qué gravita bajo el párpado resbaladizo,
bajo los oscuros capiteles de la memoria!

E igual que por la noche, la mañana
en la distancia del canto,
el antes y el después se balancean.
Tras los labios serenos del humo
y la piel encarcelada del tiempo,
cantas, ave nocturna.

Gimes igual que por la noche,
en la mañana.

Pájaro del sueño que vuelas conmigo.

martes, 20 de enero de 2009

Los colores de PRECIOSA Y EL AIRE, Federico García Lorca

A Dámaso Alonso

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.

El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.



Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.

Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente.

Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.


Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.

Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.


¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.



Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.

Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.

El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.

Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.