Cuando recordamos nos tejemos un sueño que traemos al presente para los momentos de necesidad, para sobrevivir a la incertidumbre de estar vivo y no saber por qué. Aun así me estremece el pensar que esto es tan pasajero como el pasado, tan irreal como los recuerdos.
La buscas en mí y nunca fui yo.
Se escapó buscando que otras lenguas la envenenasen,
Otras que no fueran las tuyas.
Ni te vio porque no existías.
El dinosaurio en tus ojos día a día.
La impertinencia de ser yo la que te recuerdo que no existe.
Y busco explicaciones de por qué quieres que me corte el pelo, que vista de rojo o que sustituya los calcetines por medias de seda. Y me encuentro pintándome la cara sin lavarme los dientes y saliendo de casa con el moño que me hice para la ducha.
El paisaje se enturbia con la lluvia
Las amapolas pierden su color bajo la nieve.
El viajero deja su libro en el vagón esperando encontrarlo cuando vuelva.
A lo lejos se ve una cereza en el horizonte.
Creo que todos soñamos en nuestros ratos libres. Un beso entre páginas, un café con nube, qué guapa estás recién levantada, me gusta tu piel cuando anochece. Y si lo soñamos es que ocurrió en nuestra historia porque será que recordamos; cuando aun no existíamos como dos y éramos uno buscando al otro, soñando lo que sería el otro cuando estuviera con nuestro uno.
Quédate quieta.
Tu espalda tiene la serenidad y dulzura de mis campos.
Porque entonces soñar no era dormir.
Tus ojos enojados, la furia de mis tormentas.
Y a veces pienso que eso es la vida y no otra cosa.
La buscas en mí y nunca fui yo.
Se escapó buscando que otras lenguas la envenenasen,
Otras que no fueran las tuyas.
Ni te vio porque no existías.
El dinosaurio en tus ojos día a día.
La impertinencia de ser yo la que te recuerdo que no existe.
Y busco explicaciones de por qué quieres que me corte el pelo, que vista de rojo o que sustituya los calcetines por medias de seda. Y me encuentro pintándome la cara sin lavarme los dientes y saliendo de casa con el moño que me hice para la ducha.
El paisaje se enturbia con la lluvia
Las amapolas pierden su color bajo la nieve.
El viajero deja su libro en el vagón esperando encontrarlo cuando vuelva.
A lo lejos se ve una cereza en el horizonte.
Creo que todos soñamos en nuestros ratos libres. Un beso entre páginas, un café con nube, qué guapa estás recién levantada, me gusta tu piel cuando anochece. Y si lo soñamos es que ocurrió en nuestra historia porque será que recordamos; cuando aun no existíamos como dos y éramos uno buscando al otro, soñando lo que sería el otro cuando estuviera con nuestro uno.
Quédate quieta.
Tu espalda tiene la serenidad y dulzura de mis campos.
Porque entonces soñar no era dormir.
Tus ojos enojados, la furia de mis tormentas.
Y a veces pienso que eso es la vida y no otra cosa.